No son tus hijos, tu pareja o tus amigos lo que necesitarás en la vejez, sino tres cosas: es bueno que todo el mundo las conozca
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¿Cuáles son los tres pilares que garantizan una vejez tranquila, digna y segura?
Muchas personas están convencidas de que el principal apoyo en la vejez es la familia, los hijos o los amigos íntimos. No cabe duda de que su apoyo es valioso, pero la realidad suele ser distinta: los hijos tienen vida propia, los amigos no siempre se quedan y las parejas pueden marcharse antes de tiempo. Por lo tanto, la verdadera calidad de vida en la edad adulta viene determinada por cosas muy distintas, aquellas que no dependen de la voluntad o las circunstancias de otra persona. Son las cosas que pueden proporcionar a una persona dignidad, tranquilidad y confianza.
Lo primero: buena salud y un cuerpo bien cuidado
En la vejez, no importa cuánta gente haya a tu alrededor si tu cuerpo no te permite vivir la vida al máximo. El estado de salud es la base sin la cual es imposible disfrutar de la vida social, de las aficiones o de las simples alegrías de cada día. Mantener la movilidad, el peso normal, las articulaciones y la salud cardiaca permite a una persona seguir siendo libre y no depender de ayuda, cuidados y medicación.
Como señalan los médicos, la salud debe cuidarse mucho antes de la edad adulta. Incluso los pequeños hábitos -paseos cortos, ejercicio ligero, revisiones periódicas- determinan el nivel de independencia en el futuro. Un cuerpo bien cuidado no tiene que ver con la juventud, sino con la capacidad de vivir sin dolor, limitaciones ni miedo al mañana.
Lo segundo: autonomía financiera y recursos propios
La vida en la edad adulta es mucho más tranquila si una persona tiene al menos un mínimo de independencia económica. Da una sensación de dignidad, permite elegir cómo pasar el tiempo, dónde vivir y cómo organizar la vida. Cuando no hay miedo a pedir ayuda ni a convertirse en una carga, la persona siente libertad interior.
La autonomía financiera no consiste sólo en ahorrar. También consiste en saber gestionar el presupuesto, conocer las necesidades y estar preparado para gastos imprevistos. Incluso un recurso pequeño pero estable da a la persona paz, confianza y control sobre su propia vida en un momento en que tanto depende de las circunstancias.
Lo tercero: el equilibrio interior y la capacidad de ser uno mismo
A medida que envejecemos, nuestros círculos sociales externos se reducen de forma natural. Por eso, lo más valioso en la vejez es la capacidad de sentirse bien estando a solas con uno mismo. El equilibrio interior, la calma, la capacidad de encontrar alegría en las pequeñas cosas y no depender emocionalmente de los demás hacen que la vejez no sea una carga, sino una etapa natural de la vida.
Una persona que tiene un apoyo interior puede afrontar fácilmente la soledad, no dramatiza y encuentra sentido a lo que tiene. La estabilidad emocional ayuda a tener la mente despejada, mantener la salud mental, experimentar el cambio con más facilidad y seguir interesado en la vida.